Resultados: Entre la mirada franquista y el traje fucsia de doña Sofía

Entre la mirada franquista y el traje fucsia de doña Sofía



Entre la mirada franquista y el traje fucsia de doña Sofía




Entre la mirada franquista y el traje fucsia de doña Sofía

Una mirada minuciosa a las imágenes del acto de proclamación del Rey Juan Carlos, hace ahora cuarenta años, trae a la memoria de todos los que vivimos aquel momento los sentimientos encontrados que nos produjo un acto en el que vimos a una persona cuya cara era el fiel reflejo de la tensión que estaba viviendo. Don Juan Carlos tuvo que guardar en su discurso un muy difícil equilibrio entre el respeto y reconocimiento a la persona que le había nombrado sucesor, Francisco Franco, y el propósito de la Corona de integrar a todos los españoles junto con su deseo de que el futuro estuviera basado en un efectivo consenso de concordia nacional. Casi nadie quedó convencido de lo que iba a ser capaz de hacer aquel hombre de tan sólo 37 años que se acababa de convertir en Jefe del Estado español. Su intervención no podía ser un claro anuncio del programa de los cambios que estaban en su mente desde hacía bastante tiempo, sino que tuvo que resignarse a dar algunas claves que pudieran ser leídas entre líneas e interpretadas en clave de transformación política y social.

La incertidumbre era una sentimiento mayoritario y lo que iba a ser capaz de hacer un Rey que había tenido que pasar por el trámite de jurar los principios del Movimiento Nacional para facilitar la transición de un régimen autoritario a una democracia era todavía un enigma sin resolver. En el discurso del monarca había habido señales, eso sí, algún guiño contenido en palabras tales como consenso, concordia, estrechamiento de relaciones con el pueblo o deseo de ser el rey de todos. Pero no hubo ningún signo evidente que hiciera pensar que las cosas iban a cambiar para siempre al contemplar los rostros de los diputados franquistas que copaban los escaños del hemiciclo del Palacio de la Carrera de San Jerónimo.

Tan sólo dos días después de la muerte del dictador, con la capilla ardiente aún abierta y los hombres del régimen franquista en profundo duelo por la desaparición de su caudillo, la Familia Real acudió a las Cortes para ser protagonista de un acto que marcaría el inicio de una normalización democrática ansiada por la inmensa mayoría de los ciudadanos españoles. El detalle de color en aquel ambiente fúnebre lo puso, sin duda, la Reina Sofía con su traje de gala de un brillante tono fucsia, acorde con la solemnidad de la ceremonia, pero en claro contraste con el luto riguroso de la familia Franco, presente en uno de los palcos de invitados del Palacio de las Cortes. No fue un gesto banal por parte de la Reina, sino la demostración de la importancia que para ella y el resto de su familia –el Príncipe de Asturias y las Infantas Elena y Cristina– tenía ese momento. Aunque tuvo el detalle de llevar consigo una capa negra con la que se cubrió para visitar la capilla ardiente de Franco en el Palacio Real.


24-11-2015